Me quedé dormida con el sonido carroñero de las presidenciales. Del pecho retiro el libro que compré en la Alameda después de la marcha. Éramos mujeres sin nombre. Éramos una. Me restriego los ojos. Rabia. Apenas digo rabia las alarmas de la calle se encienden. Una luz roja vacila contra los portones. Cierro las cortinas. En la libreta negra anoto: Las mujeres marchan. Hablan. Callan. Debajo: Las mujeres insisten. Resisten. Mueren. No queda tinta. Trazo líneas invisibles. Lam